Vigésimo séptimo: La Alcazaba en invierno

18 de Marzo de 2007

 

La víspera estoy de turista y el tiempo está más bien feo. En la foto, Trevélez (Pinchar en la foto para ampliar):


Pero hay suerte y por la noche despeja. No me escaparé de subir...

Empiezo a andar a las siete menos cuarto. Salgo desde la Hoya del Portillo. Treinta y tantos coches aparcados, tres grados bajo cero y luz suficiente como para no tener que usar el frontal.

Empieza a dar el sol. Piso -a ratos- la nieve que cayó ayer. No va durar mucho:


El día ilumina los paisajes de siempre, los cerros que me ven pasar y que seguirán ahí cuando me falten las fuerzas. No sé porqué vengo. Una vez y otra. No lo sabré nunca. Tampoco es cosa que me quite el sueño.
El Veleta, el Cerro de los Machos, los Raspones ...

La loma del Mulhacén ...

La bajada a Siete Lagunas. Las huellas que se ven de hito en hito son de cabra, no de persona.

Lo cual lleva a considerar la posibilidad de que las cabras conozcan la normativa del parque. Al menos eso de no circular fuera de los caminos:


Me calzo los crampones y por no dar mal ejemplo o por respetar las normas sigo a la cabra (o sea, sus huellas) hasta llegar a la Cuerda del Resuello y echar el primer vistazo sobre la cañada de las Siete Lagunas (Pinchar en la foto para ampliar):
 
 
Me pide el cuerpo subir por el coladero, que la nieve está magnífica. Pero voy solo y no me atrevo. Me decido por la loma.

Una foto de mi compañera de aventuras (ya, ya sé: cuando uno va solo se le ocurren mil paridas. Y cuando uno va acompañado 999):


Un ratito más y ya estamos en la acera de enfrente (en sentido literal, ojo).

A partir de este momento empiezo a no sentirme las piennas (digo yo que será la edad):


La cara Este del Mulhacén. El día cojonudo; nada de frío. Ni de viento:

Ganando altura sobre la loma de la Alcazaba tiene uno la oportunidad de saludar viejas amistades.

La Piedra del Yunque:


La huida de Sierra Nevada hacia Almería. La Sierra de Gádor a la derecha de la foto. Hace mil años que no voy por allí y van a pasar otros mil antes de mi vuelta (Pinchar en la foto para ampliar):
 
 
La nieve está perfecta para andar con crampones. Pero a veces sólo hay la que cayó ayer -o ninguna- y toca practicar el "dry tooling". También conocido como "destrocing crampones" en memorable ocurrencia de Joaquín.

A estas alturas el que va destrozao soy yo. O sea, hecho una ruina.

Por lo menos ya veo la cumbre:


A la que llego pidiendo socorro y misericordia (no hay más que verme la cara).

Pero me conformé con un bocadillo de chorizo y un pastelico del mercadona:


Un rato para disfrutar de las vistas.

El Mulhacén, el Cerro del Caballo, Veleta, Machos ... (Pinchar en la foto para ampliar):

 
 
Puntal de Vacares, Cerro Pelao ... (Pinchar en la foto para ampliar):
 
 

En la cumbre del Mulhacén parece que hay gente ...

La salida del Canuto de la Alcazaba:

Y el final del Espolón:

Un poco más abajo, por la loma, suben dos funcionarios.

Haríamos juntos el camino de vuelta desde las Siete Lagunas hasta casi el Chorrillo:


Toca volver. Hago solo la loma de la Alcazaba hasta Siete Lagunas. Por no meterme con los crampones por encima de las piedras bajo por un canuto sin echar mano del piolet; sólo con los bastones. Para darme guantazos hasta en el carnet de identidad.

En laguna Hondera nos juntamos los tres funcionarios y comenzamos la penitencia.


La subida por el principio de la Cuerda del Resuello me va a costar lo más grande. Pero no hay otro remedio.

Me despido de La Alcazaba (bueno, más bien de su hombro y de su loma):


En plena penitencia: Enrique arreglándose no se qué del crampón mientras se iba cerrando un poco el cielo.

Y Domingo, que sobrellevaba mejor el castigo (la juventud...):

La hora de despedirse. Domingo y Enrique se fueron hacia el refugio del Poqueira. No sé si pudieron subir al Mulhacén al día siguiente y me da que va a ser difícil saberlo:

Me vuelvo a mi soledad pero dura poco.

Aquí está la prueba de que las cabras se están civilizando. Un grupo de ellas espera pacientemente el autobús. Lo que no parece que tengan claro es eso de los horarios. Ya irán aprendiendo.


Para mí que este era el jefe:

Los demás a lo suyo, pero todos observándome por el rabillo del ojo. Este tío no es de fiar:

Ya no queda mucho que contar. Estoy a punto de perder la cercanía y la vista de las cumbres. Las nubes me van despidiendo del Veleta ...

y cerrándome el telón ante el Mulhacén:

Queda el pateo por el carril hasta la Hoya del Portillo y el coche. Llegué a eso de las seis de la tarde. Once horas después de haber salido.

Tal vez demasiado macuto (llevaba material de vivac) y, seguro, demasiados años.

Dentro de un par de días o tres ocurrirá el equinoccio de Primavera. A las cumbres y a las piedras les dará igual.

 

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